Análisis DreamBreak

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Es fácil encontrar juegos que son diseñados con un estilo pixelado, como fue el caso de Party Hard -el motor del juego parece el mismo-, y aun es más difícil sacarle partido a este tipo de juegos que ofrecen sus inconvenientes a la hora de la jugabilidad. DreamBreak rompe todos los esquemas para aportar variedad y originalidad en un mundo de toque futurista en una ficticia Unión Soviética. Ya sabéis como son estos rusos, son capaces de sorprendernos, hasta en videojuegos.


“Salvar el mundo será nuestro cometido como espías improvisados”

Viajemos al especial año 2013, un 2013 futurista donde Rusia no existe, sino que tenemos ahí a la desaparecida URSS. Tomamos el papel de Eugene, un hombre majete que se ve en medio de unos asesinatos poco afortunados. Cuando quiere darse cuenta, es perseguido doblemente: por el gobierno, y por la “resistencia”. Somos tratados como espías, y es así como acabamos. De principio, nuestra misión será investigar qué ocurre a través de los pequeños mapas que iremos curioseando. El modo de investigar se basa en vuestro ratón; como si fuera una clásica aventura gráfica, tenéis que ir moviendo a vuestro personaje por el mapa resolviendo los distintos puzles con los que nos encontremos para seguir avanzando.

Tanto la jugabilidad como los puzles en sí guardan un toque clásico que salta fácilmente a la vista. Los puzles que encontramos son bastante simples pero efectivos. Así, nos encontramos los clásicos de unir cañerías o cables para hacer llegar agua o electricidad de un punto a otro; obstáculos y trampas que debemos evitar, muy plataformero; interruptores que activan una u otra cosa; e incluso un factor de sigilo en fases más avanzadas que, si bien son muy fáciles, resultan muy entretenidas. Por tanto, pese a lo simplista del diseño, es un juego completo y entretenido. Ofrece mucha variedad.

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Igual que tiene puzles, cuenta con escenas más dedicadas a la acción pura y dura. Se trata de fases, de nuevo, con un toque muy clásico. En la mayor parte del juego vamos a estar defendiéndonos a tiros en un simple minijuego de disparar y protegerse, hasta acabar con nuestro enemigo. Si bien resulta muy fácil y, a la larga, un tanto repetitivo, le acaban dando un poco más de frescura añadiendo nuevos tipos de enemigos que complicarán más las cosas. Luego, hay dos momentos en particular donde controlamos vehículos. En la primera oportunidad será una nave que será atacada por la policía; dibujando patrones podremos deshacernos de ellos. Después nos encontraremos con el clásico juego de “marcianitos”. El objetivo es claro, y el guiño a lo clásico aun más.


“Clásico y nuevo. En la variedad está el gusto”

Hablar largo rato de DreamBreak es complicado. Con ver las imágenes os podéis hacer una idea de lo poco que ofrece para analizar. Los entornos y personajes que juegan con el toque pixelado se está poniendo mucho de moda, sobre todo desde Hotline Miami. Sin embargo, la gran mayoría parecen haberse estancado en una acción sangrienta o en historias sin demasiado interés. Es aquí donde sobresale Dreambreak, y en donde me ha llegado a sorprender. Hablamos de un juego de poca duración, pero nos ofrece una historia entretenida, bien trabajada y con un toque surrealista. Jugarlo se vuelve muy divertido al contar con tanta variedad de estilos de juegos. Es un compendio de muchos estilos, una llamada para tomar lo clásico y combinarlo con ideas nuevas.

En sí, DreamBreak, no es juego difícil. Hay que admitir que algunas soluciones a puzles pueden llegar a resistirse algo más de lo normal, pero más que a su dificultad, es debido a las limitaciones del juego que no permiten tanta movilidad como nos gustaría. Alguno de los puzles los he solucionado por pura suerte, por mover algo sin darme ni cuenta. Eso lastra un poco la jugabilidad, pero te hace estar alerta a todos los detalles del mapa. Incluso, es el propio mapeado la esencia del juego.

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Junto a la música siniestra futurista que nos recuerda a Deus Ex, están los mapas. Aun con las limitaciones que ya he comentado, el diseño está cuidado, con mucha atención por el detalle. La linealidad del juego no llega a lastrar demasiado al contar con un mapa que, a primera vista, te ofrece múltiples posibilidades, puertas por las que cruzar, y algunos coleccionables que pueden llegar a resultar difíciles de alcanzar. El fondo no queda vacío, sino que hay un decorado variado que, en ocasiones, te hace dudar de si puedes interactuar con él o no. Pese a que, como es lógico, la libertad de movimiento es muy limitada, no da esa sensación de “claustrofobia” que llegan a tener algunos títulos. Te sientes libres.


“Ideas muy bien llevadas. Logra sorprender”

Por último, me gustaría señalar la rejugabilidad del título. Existe más de un final a los que podemos acceder de forma clara, lo que nos anima a pasarnos el juego más de una vez. Si bien la escasa dificultad puede molestar el rejugarlo, sigue entretenido y te añade la posibilidad de alcanzar algunos objetos que olvidaste en algún nivel, o mejorar tus puntuaciones en los “minijuegos”. Además de esto, por la propia naturaleza de la historia, rejugarlo ayuda a entender mejor la historia y a profundizar más, si tienes tiempo, leyendo con más atención los periódicos que encontramos a lo largo de los niveles. Habría que añadir, que el juego está completamente en inglés, y en ruso -detalle poco importante, pero no sabemos si tenemos lectores rusos-, aunque es muy básico y sencillo de entender para alguien que tenga un nivel normalito de este idioma. No cuenta con voces, y ni falta que hace. Los diálogos cargados de carisma y de un toque de humor lo dicen todo.

DreamBreak es, por tanto, un juego que se merece una o más partidas. Sorprende, y tiene ese toque ruso que siempre nos lleva a esperar cualquier cosa. Misterio, puzles, aventuras, toques de la vieja escuela… lo tiene todo para triunfar y convertirse en una opción más que deseable para nuestras próximas compras en Steam.

Cristian Sánchez

Apasionado jugón desde la infancia. Amante del rock y el metal. Adicto a los buenos libros y a escribir.

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