Análisis Metal Gear Rising: Revengeance

Los spin-off son un negocio peligroso. Corres el riesgo de alejarte tanto de la fórmula del material original que los fans empiecen a odiarte. Pero seamos sinceros, siendo el cyborg ninja Raiden uno de los pocos elementos salvables de aquel desastroso MGS4, la posibilidad de jugar un juego completo con él es fascinante. Y esto es exactamente lo que ofrece Platinum Games con Metal Gear Rising: Revengeance, que mezcla la estética y debates morales de Metal Gear con el combate frenético y satisfactorio de los hack n’ slash. Y la mezcla es increíblemente exitosa. Veamos por qué.

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After the Patriots

La historia de Metal Gear Rising se sitúa cinco años después del final de Guns of the Patriots. La economía de guerra sigue rigiendo en el mundo, y cada día surgen nuevos conflictos armados que se resuelven con la sangre de inocentes derramada. Somos Raiden, el protagonista del brillante MGS2, y nuestros ideales nos llevan a defender a los débiles… cortando a ‘los malos’ en mil pedazos. Pero una compañía de cyborgs renegados, Desperado, pone en peligro al mundo, y sólo nosotros somos capaces de detenerlos. No hace falta fijarse mucho para darse cuenta de que la historia no es uno de los puntos fuertes de Rising. La obra tiene una caracterización mediocre, aunque afortunadamente su trama esta vez se sigue sin problemas. Pero todo lo que le falta de profundidad le sobra de carisma. Es una sencilla historia de venganza con mucho estilo, y algunas situaciones rozan lo ridículo de la mejor manera posible ya que el juego es consciente de su estupidez. Sólo algunos momentos sueltos derrochan pretensión narrativa, pero no es algo que empañe la diversión en ningún momento.

There will be blood

Rising es un hack n’slash. Como tal, su éxito o fracaso viene marcado por la calidad de su sistema de combate. Afortunadamente, este es excelente, fluido, y desafiante. Tenemos un botón para ataques potentes y otro para ataques rápidos. Aunque no tenemos una lista de combos tan grande como la de otros exponentes del género, como Bayonetta, el uso de distintas armas ofrece la variedad necesaria para que la experiencia no se vuelva repetitiva. El elemento diferenciatorio es el Blade Mode, que nos permite ralentizar el tiempo y cortar a nuestro enemigo en, literalmente, cientos de pedazos. Para balancear esta mecánica, tenemos un medidor que se vacía al usarlo, y todos los enemigos menos los básicos tienen que ser muy dañados antes de poder usar Blade Mode en ellos. La variedad de enemigos es buena y mantienen un desafío constante.

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Viendo que en los primeros diez minutos de juego cortamos por la mitad un Metal Gear Ray os podéis hacer a la idea de la escala que tiene la acción en Rising.

Hablando de desafíos, los jefes son increíbles y ofrecen unas peleas realmente memorables -y difíciles-. Moriremos unas cuantas veces antes de aprender sus patrones de ataque. Resulta muy refrescante encontrarse con enfrentamientos así en una era de videojuegos que parece haberse olvidado de la importancia de los jefes finales. Otro elemento muy importante a la hora de plantar cara a los jefes -y al resto de enemigos- es el sistema de bloqueo. Podemos bloquear ataques enemigos pulsando X y moviendo el stick izquierdo en la dirección en la que nos viene el ataque en el momento preciso. Resulta algo complicado acostumbrarse a este sistema ya que a menudo podemos confundirnos y hacer un ataque rápido en vez de bloquear. Pero una vez hemos aprendido a hacerlo, es increíblemente satisfactorio ver como podemos contrarrestar ataques que anteriormente nos hacían papilla.

It Has to Be This Way

En lo gráfico, Rising fue un título mediocre en 2013. Algo comprensible teniendo en cuenta que Platinum logró 60fps más o menos estables en PS3 y 360. El engine interno de Platinum no ofrece la mejor iluminación, ni los modelados son nada especial. Dicho esto, el juego lo compensa con un uso del color fantástico y un magnífico trabajo en las animaciones. La fluidez es clave en un título de estas características, y Rising no decepciona. La versión de PC -jugada para este análisis- está bloqueada a 1080p, pero resulta muy sencillo de correr hasta para hardware de hace un lustro. Además de un precio de lanzamiento de esta versión de 20 euros, se nos regalan todos los DLC del juego original, que no son una maravilla, pero ahí están.

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This is between us.

Más sorprendente es la banda sonora compuesta por Jamie Christopherson, que mezcla ritmos de metal con riffs rockeros e instrumentos electrónicos. Y funciona genial, complementando la estética y el ritmo de los combates. Seguramente esta sea una de las bandas sonoras que más han sorprendido en los últimos tiempos, y su mejor parte son los temas de los jefes. Cada uno de ellos tiene letras que complementan al personaje, y los riffs rápidos y potentes nos ponen en guardia para una dura pelea.

Conclusiones

Metal Gear Rising es un juego increíble. Por mucho que dure unas 7 horas en la primera partida, su sistema de combate y la kinestesia de la experiencia nos van a mantener pegados bastante tiempo a la pantalla. Aún con sus defectos -probablemente debidos a un corto tiempo de desarrollo- Rising es el mejor juego que ha tenido la IP desde MGS3, y uno de los mayores exponentes actuales del género hack ‘n slash.

Nagato

Jugador empedernido. Amante de los juegos de ciencia-ficción y las aventuras gráficas.

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