Análisis de Celeste

El mundillo indie está lleno de títulos que compensan la falta de grandes recursos con ingenio y pasión a la hora de crear un producto. Anteponer corazón a ostentación. Y he aquí que tenemos a Celeste, uno de sus últimos exponentes.

En Celeste, desarrollado por Matt Makes Games, encarnamos a Madeline; una joven que una noche llega al pie de la montaña Celeste con la intención de escalarla. ¿Por qué? Porque quiere hacerlo. Y porque siente que tiene que demostrarse a sí misma que puede hacerlo. Una serie de conflictos internos la atormentan y esa montaña es el obstáculo que debe superar, literal y metafóricamente.

Celeste no pretende encandilar con una historia compleja ni busca giros argumentales forzados. Simplemente nos presenta un personaje con una meta y una determinación de hierro. Y, para traducir este sentimiento al jugador, la narrativa se centra en la jugabilidad y el desafío.

Como heredero directo del mejor Super Meat Boy, Celeste se basa en la habilidad a los mandos y en los reflejos. 3 botones: uno para saltar, otro para agarrarse a las paredes y otro para tomar un pequeño impulso con el que llegar a ciertos lugares. Si quieres volver a tener ese impulso disponible, deberás alcanzar tierra firme y que Madeline descanse (factor que se indicará con su color de pelo). No necesitas más, el resto lo aporta un diseño de niveles sublime. Cada zona se divide en pantallas, y cada pantalla es un pequeño reto de habilidad, o un puzzle, en el que para avanzar deberás combinar las habilidades de Madeline con diversos factores que el escenario provea, dependiendo de la zona.

A esto se une una estupenda banda sonora, llena de temas pegadizos y que sabe acompañar temáticamente a cada zona (el ritmo aventurero y animado del nivel inicial, la melodía retorcida situada en el nivel más laberíntico del juego, etc.). Y sonoramente falseada como si fuera en formato MIDI, acompañando al nítido y genial píxel art que utiliza el estilo gráfico del juego.

Así mismo, cada nivel está lleno de secretos, ya sea en forma de cintas de radio cassette que darán acceso a niveles secretos, o en forma de fresas, que actúan como elemento coleccionable que será útil para cierto secreto del juego que no pienso desvelar.

Hablábamos antes de la determinación de Madeline. Y es que como personaje, es insistente, tiene poca paciencia y nada parece poder detenerla en su intención de escalar la inmensa montaña. De nuevo, la narrativa utiliza la jugabilidad para transmitir esto. Si mueres, la duración de la pantalla de carga es mínima y en menos de 2 segundos estarás de nuevo en el nivel, listo para intentarlo de nuevo. En tus manos como jugador, la determinación de Madeline se traduce en que no tendrás tiempo muerto en el que plantearte si continuar o no. Simplemente, estarás de nuevo ahí y se te empujará a continuar. Porque sabes que puedes hacerlo.

Es en estos pequeños detalles donde, como ya hicieron otros grandes títulos antes, Celeste destaca. Es un videojuego, plantea un reto al jugador y no se olvida de ello en ningún momento. Y utiliza ese reto para evocar sensaciones, en lugar de valerse de cinemáticas o numerosos momentos de diálogo. No así, sino a través del desafío constante y de dejar espacio al jugador en vez de saturarlo de información. Decidido, directo y firme. Como su propia protagonista.

Esperamos que os haya gustado nuestro análisis y aprovechando la ocasión, os recomendamos el siguiente post. ¡Un abrazo!

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Antonio Molina
News Reporter

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