Análisis That Dragon, Cancer.

Cada año el cáncer se lleva millones de vidas en todo el mundo, sin discriminar por edad, sexo o oficio. La familia Green luchó contra la expansión del tumor  de su hijo Joel durante más de cuatro años. Fue un proceso doloroso e inexorable, pero lleno de esperanza al mismo tiempo, pues esta familia ha contribuido desde entonces a la conciencia colectiva contra el cáncer, además de fundar el equipo Numinous Games dando como resultado el juego que cuenta su historia personal: That Dragon, Cancer.

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Una historia sobre fe y pérdida.

Se trata de un pequeño juego independiente disponible en Steam (PC y Linux) y en Ouya. Su premisa es la de visitar algunos de los momentos clave (separados en 14 escenas) del tratamiento por quimioterapia de Joel Green, poniendo el foco en la reacción y el conflicto interno de sus padres tras comprender la situación terminal de su pequeño. Cada una de las escenas resulta muy diferente de la anterior respecto a su ambientación y modo de narrar, creando una experiencia corta (de unas dos horas) pero considerablemente fresca y que puede sacar alguna lagrimilla a gente familiarizada con la temática. La jugabilidad en sí es totalmente minimalista, ya que se juega usando únicamente el ratón para avanzar y ejecutar acciones con el click izquierdo. Es elegante, pero tiene varios problemas: la velocidad de movimiento es demasiado lenta y el movimiento en algunas áreas está delimitado a áreas específicas que no están bien señaladas, resultando en una navegación tosca. En ocasiones también se hace complicado saber qué engranaje hay que mover para hacer que la historia avance y haciendo que el juego se vuelva aburrido a veces. A pesar de ello, la variedad de situaciones de una imaginativa sorprendente mantienen al jugador pegado al sillón y aferrado a estos personajes. En algún capítulo nos encontraremos en juegos de 16 bits o alternando entre la perspectiva de varias personas, de modo que nos encontramos ante una obra singular que transmite a la perfección la angustia que vivieron los padres.

La trama es expuesta a través de voice-overs que se ven transcritos en las paredes del mundo. Es un recurso efectivo, pero que se hace pesado y pretencioso a la larga. Los únicos personajes que aparecen son Ryan y Amy Green, los padres, Joel, el hijo, y los doctores encargados de su tratamiento. Por su parte, se utilizan imágenes simbólicas -como una barca hundiéndose o un tiovivo con animales de las constelaciones- como recurso expresivo para transmitir los sentimientos sin palabras. El conflicto interno de Ryan y Amy al saber que su hijo Joel no podía ser curado ya y pasaba a estado terminal es expresado de forma sutil pero cruda, mostrándonos la forma de encarar el dolor de cada uno. Hay algunos momentos realmente ingeniosos narrativamente hablando y el impacto emocional es bastante grande, pero no todos los puntos están bien hilados, sobretodo en los primeros minutos donde el jugador se encuentra muy descolocado. Además, la figura de Dios y la fe en su ayuda toma demasiado peso en la trama en la segunda mitad de la obra. En un par de capítulos aparecen cartas que hay que leer obligatoriamente, pero no desaparecen hasta que la escuchamos entera de parte de su autor. Pero en conjunto, nos encontramos ante una historia cercana, chocante y sugerente.

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La obra busca ofrecer una visión variada de la desgracia del cáncer.

Visualmente es un título muy discreto que podría haber salido hace años, sin embargo el enfoque está puesto en el acabado artístico de los decorados y en este punto el juego despunta. Los personajes no tienen cara, pero pueden expresar emociones a pesar de ello. Apenas poseen animaciones, pero los desarrolladores han camuflado con destreza ese detalle haciendo uso de la voz y la imagen. La banda sonora, compuesta por Jon Hillman, hace los deberes sin más, acompañando la historia con tonadas sencillas y algo genéricas en piano, pero funciona y encaja sin problemas. Lo que sí puede resultar molesto es la mezcla sonora, ya que en ocasiones el volumen de las voces -cuya actuación no es estelar precisamente- puede quedar demasiado alto y chirriar si llevamos cascos. Más allá de eso, nos encontramos con una presentación que no busca ser puntera, pero cumple.

That Dragon, Cancer es una experiencia notable y con muy buenas intenciones detrás, lanzando un mensaje profundo y tratando a su público como personas adultas, pero justificar su compra a con su precio actual (14’99$), ofreciendo este tan poco resulta un poco complicado; toca esperar a las rebajas de Steam.

Quico Gil

Estudiante de Periodismo, bajista, nostalfag y hater de aúpa: un frikazo bastante peculiar en general. En la sociedad del libre mercado, el pensamiento crítico es nuestra arma más valiosa a la hora de defendernos y exigir un mejor trato a todos los niveles.

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